martes, 26 de enero de 2010


Quiero volver al pasado, volver a creer en la magia, en las hadas y en los príncipes que salvan princesas de los malvados dragones. Quiero volver a jugar a la mancha, a la escondida y a la soga. Quiero que todo sea fácil como antes, no tener preocupaciones y que nada me lastime. Quiero volver a vivir la vida como un juego y no como un desafió. Ahora me doy cuenta de que todos esos juegos y cuentos, me enseñaron a crecer, aunque eran solo una irrealidad, simplemente un sostén de la felicidad, una perfección imposible. Ahora todo es más complicado, hay obsatuculos por superar, que son imposibles de eludir.A los diez años la vida es un cuento predecible. Los malos son feos, infelices y terminan mal. Los buenos son lindos, felices y comen perdices. También es un juego donde los hijos son muñecos o peluches, una juega a la mamá, al ama de casa. Que distinto cuando vemos que la vida no se ajusta a ese juego infantil. La vida es otra cosa. La diferencia entre malos y buenos es más sutil que una cara bonita y un final feliz. La verdadera lucha entre el bien y el mal ocurre cada día en nuestro interior. Uno crece y el juego se vuelve más serio. Quien pudiera vivir cantando como un chico, quien pudiera eternizar el juego, vivir por siempre en un cuento de hadas, quien pudiera ser por siempre chiquitita. Mi vida es mi chiquita. Yo traicione a esa chiquita que fui, ya no queda de ella ni su inocencia, ni su valentía. Yo ya no puedo volver a esa chiquita que fui. No me queda otra que ser esto que soy.
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