- Mucho. Todo. Constante y continuamente. Miedo a la vida, miedo a casi todo. A ese tren que va tan deprisa cada vez y al que yo me niego a subir. Y veo como todos van sacando el billete y se suben, o me miran desde las ventanillas y me dicen que suba con ellos. Pero yo no puedo subirme al tren porque en realidad no quiero hacerlo. O porque a veces ni siquiera sé si mi 'no' es real porque salga de mí o es el miedo quien me tapa la boca y me toma la palabra. Pero es que a mí no me gusta el color de ese tren, ni su número de vagones, ni muchos pasajeros que van allí y cómo pasan el viaje. No sé qué voy a hacer al final.
- A lo mejor es que no necesitas un tren. Y puedes hacer el viaje en coche, en metro, en tranvía, en bicicleta...
- El problema es que no estoy acostumbrada a viajar.